El Hímen: un sello poco fiable

El himen un mito elástico
Las sociedades más tradicionales limitan el ejercicio a las mujeres por temor a que rompan su himen…. Hoy se ha comprobado que en muchas mujeres, el himen es elástico

Hace más de cien años que está científicamente probado: no puede atribuirse al himen prueba de virginidad.

Bastante sobrevaluada y causante de traumas, ésta delgada membrana que recubre el orificio vaginal, ha sido durante siglos considerada erróneamente como un sello de garantía  o un distintivo de pureza.  Sin embargo, la investigación médica ha demostrado lo contrario: el himen es una cobertura delgada y  con orificios, en muchos casos flexible, y tan variable como las mismas mujeres.
Las escritoras del libro The wonder down under (La maravilla de abajo) Nina Brochmann y Ellen Stokken Dahl, dos estudiantes noruegas de Medicina, han recopilado y actualizado la información sobre el himen para romper este mito de la virginidad, con el que se ha reprimido y atemorizado a las mujeres desde hace milenios.
”La gente piensa que el himen es como un delgado sello que cubre la abertura vaginal, pero no es así. El himen se parece más a una banda elástica, una tejido flexible con un agujero en el centro, que rodea al orificio vaginal.
De hecho, su forma varía: a veces puede verse como una rosquilla o una media luna; hay algunas con varios orificios al estilo de persiana o puede estar integrado por varios aros de piel elásticos.
Debido a su diversidad, es muy difícil hacer un chequeo sobre su estado original o previo a la primera relación sexual. En algunos casos puede ser muy elástico -cruelmente llamado ‘complaciente’- y por esta condición no se rompe ni sangra; en otros casos, puede rasgarse y sangrar; y en otros, simplemente, estirarse momentáneamente durante la relación sexual’, explican las autoras”.
Esta variabilidad en forma y resistencia determina que al menos el 50% de las féminas no sangre en su primera experiencia sexual vaginal.

Si es tan cambiante, nos preguntamos: ¿Cómo es que al día de hoy se considere al himen una garantía de abstinencia sexual?

Porque ciertamente hay mujeres que tienen un hímen que puede romperse y sangrar; pero a causa del descrédito y la humillación que ha ocasionado a las otras que no han sangrado, el tema se ha mantenido en un secretismo.
Incluso, las mujeres de sociedades más tradicionales se someten a cirugías, simulan la ruptura para evitar acusaciones, o sufren en silencio la coacción de aquel que les guarda su secreto.
Las autoras del libro comentan que a causa de este falso mito, muchas mujeres han sido obligadas durante años a hacerse incómodos chequeos sexuales por toda clase de exigencias: para obtener un trabajo, mantener su reputación, o para poder casarse.
En Indonesia, por ejemplo, las mujeres se deben someter a un chequeo vaginal para ser admitidas al servicio militar. En Egipto se exigió a un grupo de mujeres que protestaban, fueran sometidas a chequeos de virginidad por funcionarios militares.
Incluso en la moderna ciudad de Oslo, las adolescentes son sometidas a exámenes de virginidad para asegurar a sus padres que no han sido ”arruinadas”.

-¿Cómo fue posible romper este secretismo sobre la intimidad femenina?
Las autoras comentan que a mediados del siglo pasado una ginecóloga comenzó a registrar sus observaciones sobre los exámenes genitales a mujeres trabajadoras de mediana edad, casadas, y pudo establecer que muchos de sus hímenes estaban en su estado original, aun llevando la actividad sexual de una mujer casada.
En otra investigación más reciente se pudo constatar que al menos 34 adolescentes embarazadas, al momento de dar a luz, tenían el himen, en apariencia, intacto.
Ante estas evidencias, Brochmann y Dahl advierten que la historia sexual de una mujer no puede leerse mirando entre sus piernas, ni está determinada por su formación anatómica. Con o sin himen una chica puede ser virgen; con o sin himen una chica puede haber tenido experiencias sexuales.
Como en el resto de las áreas de la vida, su comportamiento íntimo de una mujer estará determinado por sus relaciones familiares y sociales, asñi como por los patrones religiosos y culturales que han influido en su sexualidad.
Brochmann y Dahl sugieren a los hombres que si les interesa saber el récord sexual de una mujer, deberían preguntárselo a ella misma, y será ella la que podrá decidir si compartir su historia íntima…

No obstante y por lógica, no existe ningún beneficio en compartir la información íntima con alguien que no sea su médico, porque sería el equivalente de compartir la clave de su cuenta bancaria. …Y ya que hemos descubierto que el hímen tampoco es garantía de nada, la única garantía que tiene una mujer sobre su intimidad, es su absoluto cuidado. De allí la importancia de cuidar su intimidad porque no todos sabrán valorarla, con o sin la complacencia del hímen.

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Cuando tu mente genera resultados… ¿En qué estabas pensando?

¿En qué estas pensando?
¿What are you thinking?

¿Cuánto de la angustia que sufres, de la ira que te quema o la tristeza que te aplasta dependen de tu manera de pensar?

Los terapeutas Cognitivo-Conductuales opinan que casi todo, por aquello de no generalizar.

Desde mediados de la década de los 50, el psicólogo norteamericano Albert Ellis, desarrolló la Teoría Racional Emotivo Conductual (TREC, siglas en español),  un método de asistencia para pacientes aquejados con problemas recurrentes, según la cual, no son los sucesos externos los que causan nuestros desequilibrios, sino lo que pensamos de ellos, o cómo permitimos que éstos nos afecten.

La TREC se refleja  en una pirámide de elementos, que se sustentan en las creencias profundas guardadas en nuestro inconsciente, allí se encuentran los valores, los esquemas de conducta, las tradiciones y las normativas familiares y sociales que dan estructura o determinan aquello que consideramos importante, valioso, o lo contrario. Sobre ella están las emociones, y más arriba, las acciones o conductas que surgen del empuje emocional.

Cuando percibimos sucesos o cambios importantes en nuestra vida, estas valoraciones que subyacen en el subconciente se activan automáticamente en nuestra mente y generan pensamientos que, en muchos casos, nos generan malestar,  causándo emociones intensas: tristeza, miedo o ira , como mecanismos de defensa ante esas situaciones que creemos nos causarán daño.

Estas estructuras subyacentes pueden ejemplificarse como un sofware, un sistema operativo que determina funciones básicas de nuestra mente.  Son automáticas y por ello que aparecen de manera autónoma, con valoraciones de las situaciones que lejos de ayudarnos a alcanzar nuestros objetivos,  nos limitan como obstáculos que una y otra vez nos paralizan o nos hacen tomar decisiones o acciones equivocadas.

Cuando estos pensamientos nos generan malestar con  intensas emociones negativas, usualmente vienen acompañados de órdenes, ideas estrictas o estigmas radicales que fácilmente pueden ser anulados por un razonamiento equilibrado.

Frases exageradas, juicios de valor, estereotipos,  ideas derrotistas o elucubraciones futuristas acompañan a  momentos muy dolorosos, que podríamos aliviar con un poco de reflexión calmada.

  “Todo está perdido… Ya no puedo más…  No tengo más oportunidad… Soy un fracaso…. No debería suceder esto nunca más… La vida es una desgracia …” y otras tristes ideas cómo estas,  no contribuyen en nada a lograr nuestros objetivos, sino que por el contrario, nos quitan la energía y nos causan una lucha interna que nos deja aturdidos.

Ellis, Aaron Beck y otros muchos terapeutas que aplicaron esta terapia durante años en su consulta, encontraron que sí es posible modificar estas creencias o ideas disfuncionales de nuestra mente,  cuando comprendemos que son  irracionales y no tienen fundamento lógico… Son el resultado de ideas desesperadas que podemos cambiar por una visión más flexible, tolerante y armónica de la vida.

La TREC enseña que como adultos, podemos tomar conciencia de qué pensamientos dominan nuestra mente, especialmente en los momentos en los que nos sentimos apesadumbrados,  y comenzar a rebatirlos con ideas lógicas, racionales, como las que le diríamos a un amigo, a un hermano o un hijo en un momento de dificultad o derrota.

Los pensamientos motivadores, optimistas, son un buen antídoto contra esas ideas aterradoras que nos quitan el deseo de trabajar, de buscar nuestros sueños. Sobre todo, nos dan una valoración justa, amable e incondicional hacia nosotros mismos, tal como lo merece todo ser humano, todo ser vivo que aspira el bienestar para su vida y la de sus seres queridos.